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Mil y una razones para embarcarte en un Servicio Voluntario Europeo (sve)

Mi nombre es Alba Canoura, tengo 26 años, soy integradora social y una apasionada por conocer nuevos países. Escribo desde Yerevan (Armenia) para contar mi experiencia como voluntaria EVS (Servicio de Voluntariado Europeo) en este país del Caucaso Sur.

Para poder participar en este programa necesitas una organización de envío y otra de acogida, ¡y ya puedes solicitar un proyecto en concreto! Escoge algo que realmente te motive, pues va a ocupar gran parte de tu tiempo en tu país de destino. Mi proyecto está vinculado con la promoción de la lengua y cultura hispanoamericana entre los jóvenes. Imparto clases de castellano en distintos espacios; una universidad, una asociación de personas con discapacidad y en mi organización de acogida. También dedico parte de mi tiempo a realizar eventos culturales en una hermosa biblioteca de español. Todas las actividades se desarrollan en el plano de la educación no formal, las clases son amenas, y me dan la oportunidad de conocer a gente y pasar un buen rato.

Al principio me chocaron mucho las diferencias en la cultura de trabajo: distintos ritmos, menos planificación a largo plazo, más improvisación, etc. Fue un largo camino hasta conseguir un horario, pero al final llegó. En este sentido los trainings que los voluntarios realizamos suponen una gran ayuda para analizar y entender el por qué de muchas actitudes y maneras de proceder. Y con el tiempo te vas adaptando y valorando las ventajas que tiene esta forma de trabajar.

Si os animáis a participar en el mundo EVS, pronto descubriréis que los miles de miedos que surgen al principio no tenían razón de ser. Recibiréis una grata sonrisa cuando intentéis comunicaros en la lengua local, y no os preocupéis porque la buena voluntad y los gestos harán el resto.

Aquí yo he descubierto paisajes asombrosos, que mi garganta tiene capacidad para pronunciar las 39 letras del alfabeto armenio (más o menos, alguna aún se me resiste). He aprendido a bailar cochari y otras danzas tradicionales (y no me canso de regodearme cuando en alguna fiesta enseño a los armenios algunos pasos básicos).

En definitiva he llegado a un rincón del mundo que no sabía que existía y que no deja de sorprenderme, y gracias al EVS he conseguido integrarme en el día a día de esta ciudad y disfrutarla desde dentro, no como un turista pasajero, sino como una ciudadana más. Es maravillosa la sensación de sentirte en casa estando tan lejos de ella, y los armenios y armenias con su cultura familiar y envolvente lo han logrado conmigo.

No se puede explicar en un artículo la cantidad y diversidad de aprendizajes que se adquieren en un EVS. Por eso os animo a que os embarquéis en esta experiencia y ¡lo descubráis por vosotros mismos!

 

Alba Canoura
Voluntaria EVS del proyecto YEHC, Yerevan (Armenia)

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